El kitsch ¿Por qué no interesarse en el kitsch? que puedo decir, soy un fan de lo extraño y en el mundo del arte no hay cosa más extraña (y polémica) que el kitsch.
¿Qué es el kitsch?
Kitsch es un término que comenzó a ser utilizado popularmente en la segunda mitad del siglo XIX, tiene diferentes posibles orígenes, uno de ellos se debe a turistas americanos en Munich que buscaban comprar un tipo de cuadros más baratos llamados sketch, la palabra derivó en kitsch y comenzó a indicar vulgaridad y el deseo de experiencias estéticas fáciles.
Otro posible origen está en el dialecto mecklemburgues donde existe el verbo kitschen que significa recoger barro de la calle o trucar muebles para hacerlos parecer antiguos, también está el verbo verkitschen que significa vender a bajo precio, ya conocen el chiste para cada situación de la vida hay una palabra en alemán específicamente para eso.
Es difícil dar una definición de algo que implica un término tan ambiguo como “el mal gusto” es la clase de cosa que todos conocen y pueden señalar pero que no pueden definir, en general, el kitsch suele ser entendido como objetos con poco valor artístico pero que son vistos como obras de arte, pero esa es una definición muy simple. Una mucho mejor la da mi semiólogo favorito Umberto Eco:
“el Kitsch es un estilema extraído del propio contexto, insertado en otro contexto cuya estructura general no posee los mismos caracteres de homogeneidad y de necesidad de la estructura original, mientras el mensaje es propuesto —merced a la indebida inserción— como obra original y capaz de estimular experiencias inéditas” (Apocalípticos e integrados)
En términos simples, el kitsch es un frankestein de estilos que no tienen nada que ver unos con otros con el único propósito de provocar una reacción en el lector o espectador, se mezcla con las experiencias que generan o generaron esos restos de cadáveres. Eco menciona una detalle importante, a veces lo kitsch no es la obra en sí misma sino que “el Kitsch se halla en el mensaje, a veces en la intención del que lo recibe o del que lo ofrece como producto distinto de aquello que realmente es” (Apocalípticos e integrados).
¿El kitsch es vanguardia?
Aunque pueden parecer términos emparentados es importante dejar en claro que lo kitsch y lo vanguardista no son hermanos, ni primos, a duras penas se podría decir que comparten el mismo tatara-abuelo.
Clement Greenberg lo deja muy en claro, para él la diferencia clave es que la vanguardia imita el acto de imitar, esto quiere decir que la obra de vanguardia pone en evidencia los efectos que la componen, por así decirlo, desnuda al arte y muestra su funcionamiento interno; mientras que lo kitsch imita el efecto de la imitación.
La vanguardia comenzó como una forma de superar el hermetismo del arte clásico pero este permanece estático en el tiempo mientras que la vanguardia siente la necesidad de progresar aunque con diferentes referentes. El resultado final es arte que habla sobre el arte y por interesante que pueda parecer dicho así, es difícil conectar con una obra cuando desconoces las otras a las que hace referencia.
El arte vanguardia requiere una extensa biblioteca por parte de sus fanáticos, naturalmente, esto limita su cantidad de adeptos. Las masas se alejan de la vanguardia y van hacia la retaguardia: “un arte y una literatura populares con sus cromotipos, cubiertas de revista, ilustraciones, anuncios, publicaciones en papel satinado, cómics, música estilo Tin Pan Alley, zapateados, películas de Hollywood, etc.” (Greenberg).
Esa es la gran diferencia entre la vanguardia y el kitsch que este último no le exige una biblioteca, una cultura general o siquiera tiempo. Es un tipo de arte que se consume con mayor rapidez que el arte vanguardia y, varios autores agradarían, de forma irreflexiva, lo kitsch no quiere que pienses mucho al respecto pero, personalmente, no estoy de acuerdo, me parece que la posibilidad de una experiencia elevada está más en el observador que en la obra de arte en sí… pero ¿A quién le importa mi opinión?
¿Cómo funciona lo kitsch?
El kitsch saquea bibliotecas, museos y una que otra tumba en busca de lo refinado, lo académico, lo culturoso (si eso es una palabra ahora) pero sobre todo lo reconocible y construye con ellos un frankenstein que da la apariencia de estar vivo. La necesaria condición previa es el acceso a una tradición cultural, no serías capaz de ver lo raro en una Virgen María tomando una coca cola si no supieras que es una coca cola o quien es la Virgen María y que pertenecen a mundos completamente diferentes.
Este choque entre mundos es lo que provoca el efecto de lo kitsch y a su vez es su mayor problema en tanto producto artístico, parece que sus capacidades se agotan en la reacción ante lo extraño como un screamer en una película de terror. El arte busca que el lector descubra o construya algo por sí mismo con el ímpetu de la obra de arte pero el kitsch falla en dar ese paso final.
Pero no todo son votos en contra para el kitsch, Hermann Broch, quien lo calificaba como un mal en el mundo del arte, admite que sin un poco de kitsch quizás ningún arte sería posible. Otros autores se preguntan si el kitsch realmente es solo un simulacro de arte o si responde a una necesidad por parte del hombre, quizás la gente sabe que el frankenstein está muerto pero quieren creer que está vivo y en ello está la complejidad y razón de ser del kitsch.
Como lo explica Eco, el kitsch “produce efectos en aquellos momentos en que sus consumidores desearían, de hecho, gozar de los efectos, y no entregarse a la más difícil y reservada operación de una fruición estética compleja y responsable” (Apocalípticos e integrados).

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